Mide tu Índice de Masa Corporal con interpretación completa según la Organización Mundial de la Salud.
| Bajo peso | < 18.5 | Riesgo moderado |
| Normal | 18.5 – 24.9 | Riesgo mínimo |
| Sobrepeso | 25 – 29.9 | Riesgo leve |
| Obesidad I | 30 – 34.9 | Riesgo moderado |
| Obesidad II | 35 – 39.9 | Riesgo severo |
| Obesidad III | ≥ 40 | Riesgo muy severo |
El Índice de Masa Corporal (IMC) es una medida que relaciona el peso con la altura de una persona. Es utilizado internacionalmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como indicador general del estado de salud en relación al peso corporal.
La fórmula es simple: IMC = Peso (kg) ÷ Altura² (m). Por ejemplo, una persona de 70 kg y 1.75 m tiene un IMC de 22.9, que se considera normal.
Los rangos de la tabla de IMC se basan en los criterios establecidos por la OMS y se aplican a adultos de entre 18 y 65 años. Un IMC por debajo de 18.5 indica bajo peso, lo que puede asociarse con deficiencias nutricionales y un sistema inmunitario debilitado. El rango entre 18.5 y 24.9 se considera saludable y se asocia con el menor riesgo de enfermedades crónicas. A partir de 25, el riesgo comienza a elevarse de forma progresiva: sobrepeso entre 25 y 29.9, y obesidad a partir de 30. Es fundamental recordar que estos rangos son referencias poblacionales y que la interpretación individual debe complementarse con una evaluación médica profesional.
El IMC es una herramienta útil pero imperfecta. Su principal limitación es que no distingue entre masa muscular y grasa corporal. Un atleta con alto porcentaje de músculo puede tener un IMC de 28 sin tener exceso de grasa, mientras que una persona sedentaria con el mismo IMC podría presentar un riesgo real para su salud. Tampoco indica cómo se distribuye la grasa en el cuerpo: la grasa acumulada en el abdomen (grasa visceral) es significativamente más peligrosa que la grasa en caderas o muslos. Por estas razones, los profesionales de la salud suelen complementar el IMC con mediciones de la circunferencia de cintura, análisis de composición corporal y evaluación de factores de riesgo adicionales como la presión arterial y los niveles de glucosa.
Mantener un peso dentro del rango saludable reduce significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. Además, un peso adecuado contribuye a una mejor calidad de vida, mayor movilidad, mejor descanso nocturno y mayor energía durante el día. Pequeños cambios sostenidos en la alimentación y la actividad física pueden tener un impacto considerable: estudios han demostrado que una reducción de apenas el 5% del peso corporal en personas con sobrepeso ya produce mejoras medibles en la presión arterial, el colesterol y la sensibilidad a la insulina. Lo más importante es buscar un equilibrio sostenible a largo plazo, evitando dietas extremas y priorizando hábitos que puedan mantenerse en el tiempo.